lunes, 3 de enero de 2011

Profesiones

Es impresionante darse cuenta de como vamos cambiando generación tras generación. Hoy, en este año 2011 en el que se cumplirán 10 años desde que nos dejó mi abuelo, me pongo a pensar en lo que fue su vida como directivo de Petroleos Mexicanos. De cómo la pasión por su trabajo hizo que varios miembros de su familia se convirtieran en petroleros de escritorio, de vestidos largos y de sacos y corbatas. No se como haya sido, pero en algún momento mi papá tuvo la oportunidad de entrar a Pemex, tuvo en sus manos seguir con el legado que en esos momentos se encontraba construyendo Don Ricardo, como le decían sus compañeros de trabajo a mi abuelo. Mi papá decidió tomar otro camino y dedicarse a la Administración y a la Mercadotecnia. Mi papá declinó entonces ser trabajador de Pemex y se dedicó un rato a los Alimentos, mientras trabajó en Nestlé, otro rato a las telas en Alfombras Tersa y otro buen rato a los cementos con buenos puestos primero en Cementos Anáhuac y luego en Apasco (Hoy Holcim).

Cuando yo nací, no tengo idea que fue lo que pensó mi papá, no se si quería que su hijo se dedicara a la Mercadotecnia como él lo había venido haciendo. Su hijo, o sea yo, fue generando desde pequeño un gran gusto por los deportes, en mucho gracias a Don Ricardo a quien yo le decía Tatayo y a Doña Sara quien con cariño le sigo diciendo Titita. Cuando era pequeño me encantaba el soccer, luego Tatayo sacó sus guantes de baseball y nos dio uno a Edgar, mi hermano y otro a mí y los tres nos poníamos a jugar pelota en frente de su casa. Después, en una comida familiar, un buen día de 1990 descubrí el futbol americano y recuerdo preguntarle a mi otro Abuelo, Paphugo que cuando se jugaba el segundo juego del Superbowl, y él me dijo que en ese deporte sólo había un juego. No lo podía creer, después de que me costara trabajo entender que en la Serie Mundial el título era para el que ganara cuatro de siete juegos, no me cuadraba que el título se decidiera en uno solo. Años después quise ser cronista deportivo.

Así que no me dediqué a la mercadotecnia, pero si a las Comunicaciones, después de haber estudiado la Licenciatura en Ciencias de la Comunicación entré a trabajar en Grupo Acir y un año después cumplí mi sueño de hablar de baseball en una estación de radio.

Este año se cumplen nueve años desde que puse por primera vez pie en esa radiodifusora, justamente el 18 de enero. Ayer dos de enero tuvimos nuestra última transmisión de futbol americano de la temporada puesto que ésta llegó a su fin. Aproveché y me llevé a mi hijo mayor al trabajo para que viera como se trabaja en cabina. Iñaki, el hijo menor se quedó llorando desconsolado cuando vio que su hermano y su papá salían de la casa sin él, eso fue el punto triste del día.

Pasamos a McDonalds a comprar comida, luego pasamos a Office Depot a comprar un cuaderno y colores para que Diego iluminara en la cabina en caso de que se aburriera. Después llegamos a la estación y Diego jugó solito un buen rato mientras su papá trabajaba. Luego, cuento tuve oportunidad salí con el a Starbucks a comprar un café. Ahí, mientras llevaba a Diego en mis hombros sintiendo el gélido aire de inicios de año, Diego m dijo:

- Papá, me gustó mucho venir a tu otro trabajo

- Diego, a mi me dio mucho gusto que vinieras- contesté con gusto.

Cuando la transmisión llegaba a su final Omar Gómez le preguntó a Diego qué quería hacer cuando fuera grande, Diego contestó que quería hablar de baseball

- ¿En el dio como tu papá? – preguntó Omar de nueva cuenta.

- Si, cómo mi papá – dijo Diego sonriendo.

No se que vaya a ser de Grande, no se si es que va a ser Petrolero, Mercadólogo de la talla de Kotler o bien cronista deportivo. Lo único que me hace feliz es que pueda disfrutar estos momentos con mis hijos, que les gusten los deportes y siempre gocen de buena salud. La profesión que elijan, como las dos anteriores generaciones de Anzalduas, estaré contento siempre y cuando Diego e Iñaki estén contentos.