A lo largo de nuestra vida hay muchas cosas para las cuales nos preparan nuestro padres, nos alistan para vivir como adultos, nos enseñan el valor del trabajo, nos incitan a la responsabilidad, a lo que no nos pueden enseñar es a ser papás y tan sólo tenemos que recurrir el ejemplo que ellos nos dieron como padres. Que tan buenos seremos como papás dependerá en gran medida en que tan buenos o malos fueron en ese trabajo los nuestros.
Ya como padres hay muchas cosas que podemos leer en libros y aprender de padres y abuelitos. A preparar papillas, a cargar al niño, a hacerlo eructar (que por cierto es todo un arte y debería haber una maestría en Harvard para tal efecto) entre otras cosas. Para lo que nadie nos prepara, ni papás, ni abuelos, ni bisabuelos, tíos amigos, compadres, etc, es a cambiar pañales con Popó.
Después de tres hijos el cambiar el pañal para mi es toda una experiencia, es un momento de intimidad entre mi hijo y yo, un proceso que no debe de tardar más de cinco minutos yo lo puedo alargar hasta unos 20 si es preciso. Pero nadie, nunca, nos prepara a lidiar contra explosiones de Popó.
Justo un día antes de escribir estas líneas mi esposa Laura Arroyo me enseñó (en el tercer hijo) a poder quitar la ropa sucia del bebé sin mancharlo después de una de estas explosiones. Enrollar una toallita húmeda sobre el área afectada y de esa manera evitamos ensuciar de más al bebé.
Pero ni mi esposa hubiera estado cien por ciento preparada para la explosión de hoy.
Corrían las once de la mañana y unos cuantos minutos, los niños y yo estábamos en la sala. Iker en su cuna jugando con sus juguetes. De repente voy a sacarlo de ahí para jugar un poco con él. La escena es indescriptible y aunque lo pudiera hacer no lo haría para aquellos que son sumamente asquerosos. La expresión “tiene popó hasta la cabeza” cobró un sentido literal en esta ocasión.
Teníamos una emergencia y había que actuar rápido. Por eso, dejé al niño en la cuna y corrí a mi ipad para poner la canción de John Williams con la cual musicalizó Indiana Jones para estar en el ambiente adecuado.
Ta tata ta Tarara
(escrito ni tiene el mismo efecto)
Corrí con el niño cargado de cabeza, justo en el rellano de las escaleras perdí mi gorra, tuve que volver por ella, Indiana Jones nunca hubiera dejado su sobrero atrás. Ya con gorra y todo continué mi camino. Llegamos a la planta alta e Iker continuaba con la cabeza hacia abajo y yo con sus sentaderas (así le diría mi abuelita) llenas de ya saben que cerca de mi cara. Afortunadamente no soy nada asqueroso.
Con las enseñanzas de mi esposa el día previo me sentía más tranquilo, pero esta situación era totalmente diferente. Y situaciones desesperadas requieren medidas desesperadas. Abrí la regadera, y luego de dejar que el agua saliera lo suficientemente tibia ahí vamos Iker y yo para adentro con todo y ropa.
Quiero que entiendan la situación, estaba tan sucio que no lo podía poner en ningún lado porque se iba a ensuciar el lugar. No tenía quien me detuviera al niño mientras yo me quitaba la ropa. No había alternativa.
Ya dentro de la regadera todo transcurrió con normalidad. Le quité a Iker su ropa y una vez en la tina hice lo propio con la mía.
Nadie nos prepara para enfrentar situaciones como esta, y otra cosa me queda clara, los papás hacemos las cosas muy diferente a las mamás (por no decir más entretenidas)
La música de Indiana jones continúa sonando…
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